Esperaré a que hayas muerto


Esperaré a que hayas muertoTUNDIDOR DIAUS, CarlosZaragoza, 2018Encuadernado en rústica. 488 páginas, 15x23 cm. - (Sueños de tinta, 77)978-84-8465-547-3PVP 22.00 €Comprar en Librería CentralBuscar en Todostuslibros
Esperaré a que hayas muerto es una novela actual, cruda, sin tapujos, un relato que cabalga de manera descarnada por los últimos cuarenta años de la historia de nuestro país a través de las trayectorias de unos personajes que formaron parte de la BPS, la temida Brigada Político-Social franquista.
La búsqueda por parte del protagonista, héroe de este particular western de venganzas y ajustes de cuentas, de sus torturadores (el siniestro «quinteto de percusión») nos conducirá a distintos escenarios (Madrid, Valencia, Zaragoza, Córcega, Iparralde, París, Zuera…) en los que la víctima y los verdugos se convierten en las piezas de un tablero de ajedrez cuyas figuras parecen obedecer los designios de un fatum que lanzara al aire una moneda con dos caras, la vida y la muerte… Y el amor, también el perdón, como redención y bálsamo para curar las heridas.
Y, como telón de fondo, la transición democrática, la matanza de los abogados de Atocha, el 23-F, los años violentos de ETA y del GAL, la corrupción, la impunidad... sirven de marco para ir tejiendo la trama con un toque de suspense desde el comienzo de la novela. La narración, con el ritmo vertiginoso de una montaña rusa, nos acerca y aleja a un tiempo de la persecución, verdadero hilo conductor y leitmotiv de Esperaré a que hayas muerto , al último miembro del quinteto, alias el Niño, el expolicía más sangriento del grupo, el núcleo de ese ovillo de Ariadna por cuyas hebras caminaremos, capítulo a capítulo, de la mano de Juan Valdivia hasta llegar a descubrir la identidad de su verdugo.
«—¿Y qué pretendías? ¿Arruinarme la vida?
—Denunciar a todos los que han querido, como tú, falsear y ocultar la historia. Impedir que personajes de tu calaña vuelvan a cometer las fechorías que tú perpetraste si no ponemos los medios para evitarlas. Que nuestros hijos y nietos sepan que existió un submundo de maldad, de terror, un submundo en el que la libertad se mataba a golpes (…). Te dije que no te odiaba. Pero, para que esbirros como tú no existan, nunca deberíamos olvidar los motivos, las causas, la historia, en suma. Y eso es lo que he hecho, recordar la historia. Y te olvidas de una cosa vital: yo puedo perdonarte pero la historia, la justicia, no».


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