Esas estrellas que llueven

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Esas estrellas que llueven

Juan Herranz Pérez

Zaragoza, 2016

Encuadernado en rústica
212 páginas, 15x23 cm
Colección Sueños de tinta, 54

ISBN 978-84-8465-503-9

PVP 17.00 €
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San Virila, el legendario santo que durmiera durante trescientos años, transcribió el profético sueño en el que se sumergió. Los que llegaran a conocer su vaticinio pondrían todo su empeño en desvelar el misterio que sus palabras albergaban.

Sofía también tenía un repetitivo sueño del que surgían multitud de preguntas que atormentaban su existencia desde su nacimiento y que la impulsaban a actuar, a moverse tras esas oníricas incertidumbres que habían arraigado en su alma.

Y llegó la hora de saber si tantos sueños eran solo mensajes desordenados de la inconsciencia o si revelaban los grandes secretos que suelen esfumarse en el instante del despertar. Tal vez los sueños siguieran un texto que se estaba reescribiendo entre las líneas ya trazadas de nuestra constelación, equilibrándose a duras penas entre la incontrolable ansia de conocer y el indudable peligro que acecha a todo el que busca respuestas sustanciales.

El santo, Sofía, las estrellas que los unen a ambos y el guion escrito en el cosmos, la gloria del conocimiento o la inquietante idea de que el porvenir puede ser una noche oscura cernida sobre el mundo desde un pequeño pueblo llamado Undués de Lerda.



JUAN HERRANZ(Zaragoza, 1975)


Juan Herranz
Esas estrellas que llueven, que cierra el misterio abierto en El sueño del santo (colección Sueños de tinta, Mira Editores, 1.ª edición: abril de 2013, 2.ª edición: septiembre de 2013), supone la undécima publicación del autor.

«A cada libro, un poco más viejo y lo suficientemente sabio como para guardar siempre las llaves en el bolsillo y no olvidarlas nunca en ningún recóndito lugar. Porque la vida está llena de lugares donde olvidar llaves y encontrar miles de historias. Espacios ignotos entre carpetas de ordenador, agujeros negros en el hueco de tu sofá, tiempos muertos entre cosas que toman vida y se rebelan haciéndote llegar tarde a las citas.

Lo único positivo en el magno despropósito del día a día es que, al menos, si te gusta dedicar tiempo a escribir, la distracción que te aísla de todo te compensa con interesantes historias con las que te entretienes y que, con un poco de suerte, acabas transmitiendo por medio del papel a quien le apetece leerlas, mientras se le olvida retirar la comida del fuego o se le pasa la hora de recoger a los niños de la guardería.

En fin, con mi viejo truco de guardar siempre las llaves en el bolsillo, dispongo de todo el tiempo del mundo para escribir, así es que disfruta de esta historia, y hasta la siguiente...».

Reseña publicada en el blog librosyliteratura

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